Nota Área de Zoología:

Taxonomía de Invertebrados Chilenos

Pareja de Orchestoidea tuberculata (hembra a la izquierda y macho a la derecha).

Pareja de Orchestoidea tuberculata (hembra a la izquierda y macho a la derecha).

Pareja de Orchestoidea tuberculata (hembra a la izquierda y macho a la derecha).

Nuestro Curador de Zoología de Invertebrados, Jorge Pérez-Schultheiss, presenta una nueva serie de notas sobre un tema apasionante y siempre llamativo: la taxonomía.

23/11/2017

Fuente: Museo Nacional de Historia Natural

En esta oportunidad, pretendo introducir y justificar la creación de una nueva serie de notas sobre taxonomía de invertebrados chilenos, con énfasis en crustáceos. Para ello les hablaré de la importancia de la taxonomía para el conocimiento de la biodiversidad y de lo interesante y enriquecedora que resulta su práctica, para quien tiene interés en el conocimiento de los seres vivos. Esta disciplina constituye una excelente forma de acercarnos al conocimiento profundo de la composición y origen de nuestro patrimonio biológico, permitiéndonos descubrir su valor intrínseco, más allá de los enfoques antropocentristas. Por su naturaleza, esta nueva serie podría ser considerada como especializada, debido al uso inevitable de términos técnicos y nombres científicos normalmente empleados por especialistas en cada grupo taxonómico; sin embargo, me parece que esta información merece ser dada a conocer, pues representa el gratificante proceso de descubrimiento de la identidad de cada organismo y entrega información que normalmente no sale a la luz, quedando solo en la memoria del taxónomo que realiza la determinación.

El taxónomo entrega como resultado de su trabajo, un nombre científico, a veces acompañado de breve información general, pero ¿Qué ocurre con toda la información y el aprendizaje generado durante el proceso de determinación? De eso se trata esta nueva serie, de mostrar el proceso intelectual que resulta del trabajo taxonómico, incluyendo no solo la información general de la especie identificada, sino que dando a conocer como se llegó a tal identificación. Esto incluye, entre otros aspectos, la morfología, biología, sistemática y evolución, biogeografía e historia del conocimiento taxonómico de la especie en particular, como aparece reflejada en la literatura.

Microscopio en el laboratorio de zoología de invertebrados donde se identifican las especies.

Microscopio en el laboratorio de zoología de invertebrados donde se identifican las especies.

Microscopio en el laboratorio de zoología de invertebrados donde se identifican las especies.

¿Por qué es importante la taxonomía?

La taxonomía es la ciencia encargada de poner nombre e incluir a los organismos vivos en un sistema de clasificación y ordenamiento que se basa en las relaciones evolutivas que existen entre ellos. Esta tarea es fundamental para la biología, ya que permite organizar nuestros conocimientos y facilita la comunicación en torno a cualquier tema que involucre seres vivos, desde investigación científica hasta su uso o explotación económica.

No es posible hablar en profundidad acerca de un organismo vivo, si previamente no hemos respondido la pregunta básica: ¿qué especie es esta? La importancia de esta pregunta se relaciona con el hecho de que junto con el nombre científico, también obtenemos un enorme cúmulo de información de esa especie, que viene implícita en el sistema de clasificación en el que debe ser incluida al momento de su descripción y bautizo. La especie, comparte las características de todas las agrupaciones taxonómicas en las que ha sido incluida al darle nombre.

Por ejemplo, cuando afirmamos que una especie pertenece a una determinada familia, –pensemos en la pulga de mar Orchestoidea tuberculata Nicolet, 1849, que pertenece a la familia Talitridae- estamos asumiendo una vasta cantidad de información sobre ella. De esta manera, podemos deducir que Orchestoidea tuberculata corresponde a un crustáceo de hábitos semiterrestres (aún sin que lo hayamos visto un ejemplar vivo en la naturaleza), que es capaz de saltar como una pulga (aunque solo dispongamos de ejemplares conservados por años en una colección), que los machos son muy diferentes de las hembras (aunque solo dispongamos de un único ejemplar hembra), etc., incluso podríamos deducir que características tendrán los machos, a pesar de que aún son desconocidos para nosotros. Toda esta información se puede aplicar a nuestra especie porque son características propias de todos los miembros de la familia Talítridae (foto de portada).

Por otro lado, el hecho de que un organismo sea reconocido y considerado como una especie distinta dentro de un determinado género, significa que representa un linaje evolutivo individual, diferenciado en algún momento de la historia del grupo, y por lo tanto, su historia particular, que podría abarcar millones de años de evolución, nos puede dar pistas acerca del pasado, ya que está íntimamente relacionada con la comunidad biótica y condiciones abióticas en las que esta especie se desarrolló. Resulta interesante pensar que toda esta historia puede ser deducida (al menos en parte) a partir de las características actuales de la especie, ya que ha quedado impresa en su morfología, ADN, distribución, etc.

De todo lo anterior, se puede deducir la gran importancia que tiene la correcta identificación de una especie. Sin embargo, la tarea de identificar un ejemplar no siempre es tan sencilla. Aunque algunas especies pueden ser reconocidas inmediatamente, pues sus características diagnósticas son fácilmente observables (por ejemplo aves, mariposas y otros grupos llamativos y emblemáticos), otras son mucho más difíciles de identificar, requiriendo la consulta de taxónomos especialistas. Esta situación es bastante frecuente entre los invertebrados, especialmente los de pequeño tamaño y de aspecto poco llamativos.

Para quienes nos dedicamos a la taxonomía, el proceso de identificación de una especie representa un desafío interesante y muy motivador, que generalmente requiere contar con años de estudio y especialización, gran habilidad (por ejemplo para disecar estructuras microscópicas) y mucha paciencia, para localizar y leer publicaciones taxonómicas clásicas en diversos idiomas, que a veces requieren de mucha “imaginación” para ser interpretadas. En este sentido, la identificación muchas veces es un verdadero viaje al pasado, ya que debemos revisar lo que ha sido publicado previamente en relación a la especie, lo que significa interpretar la experiencia que otros investigadores han tenido con ella, hace 5 o 10 años, e incluso 100 o 200 años atrás. Para el caso de nuestro ejemplo, Orchestoidea tuberculata, fue descrita por primera vez en Francia, por el naturalista Hercule Nicolet, quien recibió ejemplares obtenidos en playas arenosas de Valparaíso, de mano del naturalista y primer Director de nuestro Museo, don Claude Gay. La identificación y descripción de esta nueva especie fue incluida en el tomo IV de Zoología de la célebre obra Historia Física y Política de Chile, en 1849, es decir hace exactamente 168 años atrás.

El proceso de identificación de una especie es jerárquico, basado en una serie sucesiva de agrupaciones, donde cada nivel está, a su vez, subdivididos en grupos más pequeños, a medida que bajamos de rango taxonómico. De esta forma, para identificar una especie debemos ir pasando sucesivamente de lo general a lo particular, partiendo desde el nivel más alto (por ejemplo, reino), seleccionando una de las agrupaciones contenidas en él, luego de comprobar que nuestro ejemplar comparte sus características distintivas. De esta forma, podemos ir descendiendo por los diferentes niveles taxonómicos, pasando por el rango de phylum, clase, orden, familia, entre otros, lo que nos permite reducir cada vez más el conjunto de organismos con los que finalmente tendremos que comparar nuestra especie para su identificación definitiva. Generalmente la clasificación de una especie en los niveles altos es bastante intuitiva, no representando gran dificultad; sin embargo, en la medida que se desciende, el trabajo se hace cada vez más complejo y fino. El objetivo es alcanzar el nivel de género, que sería la agrupación de nivel más bajo antes de llegar a la especie (subdivisiones adicionales, como el subgénero, son usadas menos frecuentemente). De esta forma, nos iremos acercando cada vez más a la identidad de nuestra especie, pero en el proceso, reuniremos una gran cantidad de información, que ha sido corroborada en nuestros ejemplares. En este sentido, resulta interesante como el ejemplar estudiado pasa de ser completamente desconocido al inicio, a una especie familiar para nosotros, de la cual podremos hablar con propiedad.

El porqué de esta serie

Con esta nota he intentado justificar la serie de publicaciones que vendrán, en las que trataré de dar a conocer diferentes especies de invertebrados, especialmente crustáceos, desde una perspectiva taxonómica. El objetivo es mostrar la complejidad del trabajo que realiza un taxónomo durante el proceso de determinación de un ejemplar. Si bien este tipo de notas podrían parecer algo técnicas, quizá como un pequeño artículo científico, creemos que puede ser de mucha ayuda para quien está interesado en identificar el animal y contar con el marco conceptual básico para conocer más a fondo la especie en cuestión, ya sea por motivos laborales, académicos, o por simple curiosidad. Por otro lado, permitirá a quienes no son biólogos, tener una perspectiva distinta de los seres vivos, comprobando por sí mismos, como una observación cuidadosa y detallada puede dar una perspectiva completamente diferente y mucho más fina de un organismo, aun cuando ya lo hayamos visto muchas veces con anterioridad. Es aquí donde cobran sentido las descripciones, las discusiones de caracteres diagnósticos, las claves de identificación o las fotografías de los ejemplares, que formarán parte de estas notas: todo ello puede ser comprobado empíricamente, solo se debe aprender a observar detallada y pacientemente.

Recursos adicionales

Materias: Zoología
Palabras clave: Taxonomía - Zoología de vertebrados - Área de Zoología MNHN - Jorge Pérez